miércoles, 9 de febrero de 2011

Preguntas retóricas


Había perdido el gusto de tu nombre de tanto repetirlo. Y también había olvidado lo maravilloso que es vivir en las nubes. Vivir del cuento. Vivir como un naúfrago desierto. Como una salvaje idea revolucionaria.

Pensaba que me había perdido en algún vaso medio lleno o medio vacío; estoy seguro de que no importa demasiado.

Yo pensaba que había perdido el gusto por volverme loco al despertar, por contar estrellas a dedo y no sumarlas, y luego perderme en preguntas sin respuesta; perderme en aquellos años de vicio adolescente que quemaban.

Yo pensaba que habían pasado esos miedos de hace mil días, cuando era tan distinto que la ropa ya no me cabe. Ha salido mucho el sol desde aquellos lejanos sueños de surfista, en los que aparecía en la cima del mundo, lleno de orgullo y picor de ojos. Había que despertar y la almohada seguía sugiriendo una salida.

Yo pensaba que había perdido los papeles hace tiempo. Los paples y la maleta. Pensaba que el camino había terminado y ahora tocaba esperar en la parada del bus el transporte que me llevase de nuevo a rayarme de coca cada segundo, y volar hacía cualquier lugar del mundo que me hiciese sonreir y abrir las alas.

Sabes, había tirado la toalla. Y el ring desde entonces estaba como sumido en un hipnótico segundo que no concluía nunca. Y yo, en una esquina, con una de esas miradas perdidas que tanto me gustaban porque decían de todo y no hablaban nunca. Con la mirada perdida esperando el encuentro fantasmal que me devolviese las fuerzas para actuar.

A veces necesitamos mucho silencio para pensar

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