jueves, 7 de julio de 2011

El poder de la decisión y sus consecuencias


El mundo debe parecerme cruel. Intentas reivincidar tu vida y terminas prejubilándote con 17 años en tu habitación, porque cuando reivindicas tu Universo te das cuenta de que sobra todo; y ahora todo lo que queda de mi se puede encontrar en mi habitación, sobre una cama y dentro de un armario, eso es todo lo que queda. Después de todo el Universo no debe de ser tan grande.

La cuestión querido Hamlet no es ser o no ser, quizás en otro tiempo sí que lo fuese, pero ya no. Ahora querido Hamlet la cuestión es si reivindicar o no hacerlo. La decisión es más difícil de lo que puede parecer a simple vista; la gente tiende a decir que reivindicar es el camino hacia la paz espiritual, hacia el bienestar, en serio, que se vayan con sus ideas a tomar por culo. Las consecuencias de reivindicar pueden compararse a las consecuencias de formatear un ordenador, pero cuando reivindicas tu vida las consecuencias son más catastróficas, tu vida se queda vacía. Por eso precisamente ahora mi Universo queda reducido a mi habitación, porque no me queda mucho. Cuando reivindicas tu vida te das cuenta de que la mayoría de cosas que tienes no sirven: no sirven los amigos, se acabaron los sueños, no te quedan esperanzas, los proyectos de futuro forman parte del pasado, las fantasías son placeres sintéticos y tus creencias e ideas se rompen con suma facilidad... ¿Qué sucede cuando haces borrón y cuenta nueva con 17 años? sucede que te despiertas un día y no sabes muy bien quién eres.

Jack decía que la autodestrucción conlleva evolución; temo pensar que me tomé esas palabras al pie de la letra y ahora solo soy ruinas y cenizas. Soy lo que queda de lo que fui y no me importa, pero nadie me dijo que lo difícil no era derrumbar los esquemas de tu vida sino mentalizarte de que, desde el momento en que renuncias a todo, tienes la sensación de que nunca tuviste nada. Mi vida es como un flash, puedo resumirla es unos segundos si me lo permitís pero no... no estoy con el ánimo de contaros cómo es mi habitación. 

Y ahora sólo queda sacar conclusiones. Sólo queda respirar hondo y sacar fuerzas de dónde sea. Sólo queda cerrar los ojos y preguntarme por qué, por qué hice esto, por qué renuncié a todo por nada. A veces tengo la sensación de que estoy a punto de encontrar una bonita razón para explicarlo todo; es como estar a punto de encontrar la respuesta a la puta pregunta que tienes en la cabeza desde hace tiempo, pero resulta que todo se queda en una sensación, no encuentro una razón y quizás eso es lo peor que me está pasando.

¿Habéis visto alguna vez una de esas muñecas rusas? Están huecas y en el interior esconden otra muñeca que a su vez esconde otra muñeca y otra, y otra... pues podría decirse que yo soy como la última muñeca que queda: no tengo nada dentro. ¿Sabéis? estar así es lo mejor y lo peor que me ha pasado, soy capaz de ganarlo todo y desgraciadamente no me quedan muchas cosas que perder.

No quisiera que tengáis en vuestra mente la imagen del chico que ve el vaso siempre medio vacío, curiosamente siempre veo el lado positivo de la vida, pero a veces las cosas se tuercen más de lo que acostumbran y terminas despertándote un día sin saber muy bien qué hacer, cuál es el siguiente paso, qué espera el mundo de ti o qué debes esperar tú del mundo. Un día despiertas y de repente todo tu Universo se reduce a las cuatro paredes de tu habitación donde lo tienes todo y no tienes nada, donde te sientes poderoso al saber que tienes el poder de decidir sobre tu vida y humillado al comprobar que las consecuencias de tus decisiones no dependen de ti y, curiosamente, no dependen de nadie.

1 comentario:

  1. ¿Sabías que la última muñeca de las muñequitas rusas no está vacía, que está entera hecha de madera, sin hueco por dentro? Pues quizá también ignores que tú también estás lleno, y que te falte tiempo para saber reconocer cuál es el material que te llena.

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