martes, 25 de junio de 2013


Queridos seres únicos:

Os recuerdo que ahora escribo desde http://facebook.com/enunmundodegrises. Los motivos, principalmente, son que escribir en una página de Facebook me permite tener más audiencia, esto es, llegar a más gente (¿quién no tiene Facebook hoy en día?), además de que facilita la interacción de los lectores al poder comentar, compartir y darle a "me gusta" a cada texto. Por si fuera poco, como administrador, tengo acceso a estadísticas y a opciones de promoción. Un lujo, vamos. Y poco más, espero que sigáis leyéndome.

Un fuerte abrazo.
 

lunes, 27 de mayo de 2013

Diálogos de madrugada II


—Todos los chicos sois iguales, sólo pensáis en follar.
—Eso es injusto, y lo sabes.
—¿Entonces no quieres follar?
—No he dicho eso. Quiero follarte, y luego quedarme para el desayuno. Y para el almuerzo. Y un poquito para siempre. 
—¿Y para toda la vida?
—Quién sabe.
—Lo que pasa es que me han hecho mucho daño, ¿sabes?, los hombres...
—Y a mí las mujeres, por eso escribo tan triste.
—Nos hemos dedicado a ir rompiéndonos en los brazos de otros. Y en las camas.
—Y, a veces, ni eso. A veces sólo bastaban un par de silencios y unos cuantos kilómetros.
—Sí... 
—¿En qué piensas?
—En que quiero quererte, pero no sé, nunca he sabido hacerlo muy bien.
—Nadie sabe querer bien del todo. Supongo que es algo que se aprende con los años, y con los daños, y cerrando los ojos y besando cicatrices ajenas. El amor es un gran acto de fé.
—No te pongas tan filosófico que me pierdo.
—Es que quiero besarte. 
—Y yo quiero que me beses.
—¿También estás perdida, no es cierto?
—Yo... tú sólo bésame, y ya te responderé mañana.
—¿Qué querrás para desayunar?
—A ti, pensaba que ya lo sabías.
—Lo suponía, pero la certeza es mucho más bonita que la suposición. ¿Por dónde íbamos?
—Creo que por no sé qué de dos chicos perdidos, y el chico se disponía a besar a la chica...
—Qué historia tan bonita. 

Y esa noche nunca fue demasiado tarde para ninguno de los dos.


Recaídas


Y allí estábamos los dos, un poquito sin saber cómo decir que aún nos queríamos. No, espera, no queríamos decirlo; sólo queríamos dejar de sentirlo. Cerrar los ojos y escapar, como siempre. Y es que no podemos cicatrizar tan rápido las heridas del corazón, supongo. No podemos despertarnos una mañana y cambiarnos los sentimientos mientras nos quemamos con el café. Y ese, quizá, es el problema: que a veces la razón dice sí muy fuerte, y el corazón niega con la cabeza. No preguntes quién termina cediendo, lo sabes muy bien; ayer te besé con la mirada sin que te dieras cuenta. Y me gustaría que no me tentasen tus esquemas, oye. Y es que esos besos que algún día fueron míos, habiéndolos perdido, es un poco como notar un vacío en mi boca. No podría encontrarle otras palabras a ese querer, pero no quererte. A ese tren que me lleva de vuelta a donde ya fui y de donde escapé hace algún tiempo: a tus brazos. A tu ese algo que me enamoró un día, y que seguirá ahí, supongo, pero yo, ya, no quiero. Yo ya sólo sonreír como un tonto y esperar que me consideres curado del amor, que de repente empezó a matarnos sin llamar a la puerta. Y ni triste ni bonito, como la vida misma, el tiempo sigue pasando sin nosotros saber muy bien por qué pasa, y que probablemente no pase por nada en concreto. Ya ves que sigo sin saber escribirle finales a las historias tristes. A nuestra historia. Y así es un poquito toda mi vida.

Sobre aquello


Era un poquito dejarse llevar, sino no, sino quererla terminaba asfixiando, como una de esas noches calurosas de agosto en las que ni siquiera puedes dormir. Y es que ella era también un poquito insomnio. Recuerdo... recuerdo que un día la llevé a ver un atardecer. No era el atardecer más bonito del mundo, pero tampoco importaba, recuerdo que allí, a su lado, sin prestarle atención a nada que no fuese suyo, odié no poder detener el tiempo. Odié que el contacto no fuese excesivo, que no hubiese suficiente ración de besos. Si existe un límite en todo, os aseguro que no había ninguno en las ganas que le tenía. Que yo aprendí a desvestirla sin tocarla, chicos. Que aprendí a fotografiarla con palabras, en poemas que nunca me atreví a escribir. Que aprendí a besarla sin rozar sus labios. Aprendí, y qué bonito, a echarla de menos cuando estaba. A morir un poquito cuando se iba, y cuando decía "adiós" y sonaba como un disparo. Que yo por ella dejé de perder todos los trenes. 

No sé. Aquello fue hace mucho, y si cierro los ojos sólo puedo escribir lo bonito, que ha quedado como una pequeñita y, sí, vale, preciosa cicatriz. Al final, dicen, y será verdad, que el tiempo sólo nos hace guardar las cosas buenas. Los atardeceres como aquel. Las tantas noches de mirarnos sin decir nada. Las muchas sonrisas al verla aparecer, ya por el horizonte, y que conforme se acercaba más, yo latía más fuerte. Como si me fuese la vida en ello. Como sí, y supongo que así era, me fuese la muerte sin ella.

Hablando de necesidades, ¿tú bien?


Que no quiero que vuelvas, lo que yo quiero es que no te vayas nunca. Que no quiero finales felices, ni poemas bonitos, ni domingos de mantita y peli, ni París; yo lo que quiero es que estés. Eso es todo. Que estés y me mires, cuando me derrumbe por dentro, y que me cojas de la mano muy fuerte cuando empiece a romperme, y que me digas que no, que no merece la pena, cuando ponga los ojos en blanco y me entren ganas de llorar. Quiero que me abraces el insomnio por las noches, que me entiendas los silencios y que cantemos alguna canción de Radiohead en la ducha. Que me pases el humo, que me beses sin motivos, que me improvises sonrisas y quiero no tenerle miedo a los lunes a tu lado. A tu lado, todo, sino nada. A tu lado sonriendo o llorando, qué más da, hace tiempo que me maravilla la belleza de lo triste. Hace tiempo que planifico un futuro contigo, como si fuese la salida de emergencia de mi vida. Y es que creo que sigues sin entender que yo me reduzco a un montón de ojalás que se parecen mucho a tu forma de besarme. Nadie va a entender mejor que tú esta tonta necesidad de cerrar los ojos y que, al abrirlos, sigas ahí, a mi lado, sin que te asusten ni mis cicatrices ni mis ganas asfixiantes de escapar. Que sigas ahí ayer, hoy y mañana. Y hasta que se nos sequen las ganas y nos preguntemos qué hora es nada más levantarnos, mareados ya de girar con el mundo. No sé, me ahogo un poquito al no poder expresarlo mejor. Al comprobar que las palabras, a veces, no están dispuestas a hablar de esto: de lo de dentro. Así que, cariño, cierra los ojos con fuerza. Lo haces muy bien. Sí, muy bien...

Escombros


Qué quedará de nosotros, de ti y de mí, cuando dejemos de intentarnos, cuando el orgullo gane el pulso y cuando le abramos la puerta al insomnio por las noches, de madrugada, y ya nada importe demasiado. Qué quedará cuando, en nuestros cuartos, tumbados en la cama, parezcamos dos cadáveres, tan fríos y con esa triste sonrisa en la mirada que deja la distancia cuando mata. Qué quedará, yo no lo sé, no me preguntes; no me mires, voy a llorar, a correr tan fuerte y a huir tan rápido que quizá me rompa ahora mismo. Demasiadas ganas, cariño, demasiadas ganas me han caducado mientras te esperaba sentadito en todas mis indecisiones. Y no he podido hacer mucho. No pude aprender a olvidar antes de que comenzases a doler. Y nunca supe cerrar los ojos hasta desaparecer. Ha sido un poco como llegar demasiado tarde, pero ya me voy acostumbrando. Y de nuevo la única forma que tengo de gritar es escribiendo, ahogándome en palabras que nunca te dije, que siempre estuvieron ahí, calladas, quemándome la garganta y dejando cicatriz. Algunos "Te quiero" y "Te echo de menos", otros "Ojalá estuvieses aquí" y un tímido "Vuelve pronto". Pero no. Pero no, ni tú ni yo, ni querernos ya, ni tú volver ni yo perseguirte. Ahora ya pasar página, sin querer, sin poder, con ese brillo en los ojos de que voy a llorar en cuanto deje de engañarme, que no soy tan fuerte. Y es que a mí, y eso ya lo sabes, siempre me han dado miedo los finales, quizá porque son inevitables.

Diálogos de madrugada I


—Estuve esperando tu llamada toda la noche.
—Lo siento, estaba ocupada.
—¿Ocupada en qué?
—Ocupada en perder el tiempo; o dejando que el tiempo me perdiese a mí. Yo qué sé.
—No me jodas, tenía algo importante que decirte.
—¿Y bien?
—¿Realmente te interesa saberlo? Yo creo que no, que hace tiempo que nada te importa una mierda.
—Tienes demasiada razón, cariño. ¿Tienes tabaco?
—Quiéreme.
—...¿Qué?
—Ayer quería decirte eso: Quiéreme.
—No tienes ni puta idea de lo que es querer, cariño. Ni tú, ni yo.
—Aprendamos juntos.
—¿Te das cuenta?, siempre que hablo contigo parece que estemos en una película.
—Quiéreme.
—Hay otras formas menos dolorosas de morir.


domingo, 19 de mayo de 2013

Caer


Que queríamos escapar, sí, pero no sabíamos hacia a dónde. Que sólo queríamos salir, irnos muy lejos, allí donde ser nosotros mismos no fuese tan difícil. Donde no decir "te quiero" estuviese prohibido y donde el orgullo no jodiese las cosas bonitas. Pero de querer a hacerlo, qué os podría decir, hay un abismo muy parecido a la peor indecisión del mundo. Y te das cuenta, un domingo como hoy; como cualquiera; de que no puedes correr mucho, que no lo suficiente, que no tanto como para llegar a alguna parte. No sé si me explico. Y te tumbas en la cama, aturdido, sin poder llorar porque tú ya no lloras; sin poder gritar porque hay gente viendo la televisión. Te tumbas en la cama y es un poco olvido, pero hacia adentro, un dejarse caer en el colchón deseando que alguien te rescate cuando haya alguna vacuna contra las cosas que no tienen mucho sentido. Pero no. Y así se te va pasando la vida. Y que quizá por eso odiamos un poquito los domingos. Y mañana lunes, como si quisiéramos morirnos tan rápido. Algo va mal en el mundo y yo qué sé, quizá sea porque estamos perdiendo la bonita costumbre de declararnos escribiendo un poema a la persona que nos gusta. O porque ya no sabemos abrazar como antes. O porque tenemos tanta prisa en llegar a los sitios que no disfrutamos de las vistas, ni de las sonrisas, y que todos nos maquillamos ahora un poquito y que ya no somos nosotros tanto tiempo. Es esa decadencia a la que llamamos rutina. Y yo empiezo a no saber sobrevivir tanto como me gustaría. Empiezo a desear enamorarme con esa urgencia en la mirada de que si alguien no me coge de la mano pronto voy a desintegrarme. A evaporarme. A tener la sonrisa más triste del mundo. A tener los calcetines, en los cajones, desemparejados; por ese no querer pensar en los abrazos. 


  

jueves, 16 de mayo de 2013

Y ya está



Se marchó como se marchan las cosas que siempre he querido, es decir, faltando más que nunca. Y luego llegó la noche y se trajo unas cervezas y algunas heridas. Dicen que el insomnio no es otra cosa que el miedo a esa media cama vacía; un trastorno crónico que te hace odiar las sábanas frías. No la llamé siguiera para decirle que aún la amaba; y borré todo lo que me recordaba a ella de mi vida: nuestro chat de WhatsApp, su número del móvil, su carmín que, marcando mi almohada, era el cuadro más triste del mundo. Y luego no quedó nada, sólo un vacío gris; gris como una canción de Chopin de madrugada. Como volver a recaer en ese no saber qué hacer con tu vida. Qué le pasa a mi forma de vivir, que me hace morir tan deprisa. Y pasaron años aquella noche, y recuerdo que me emborraché hasta cometer locuras, hasta decirle a la luna que se apagase, hasta financiar mi insomnio a 10 años. Y, luego, irónicamente, amaneció, más después que antes. Y, nada más, como bien dijo Sabina, la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.


miércoles, 15 de mayo de 2013

Y qué


Nunca sabrás que no sé escribir sino rompiéndome, y que ni el invierno, ni la primavera, ni el verano, sino el otoño, es mi estación favorita. Que amo pisar las hojas secas; que amo cuando el viento me vuela; que amo los atardeceres tristes, las despedidas grises. Y nunca sabrás que no sufro más insomnio que ese echarte de menos hasta perder el sueño. Nunca sabrás, de mí, mis sueños; ni mis esperanzas, ni por qué sonrío cuando sonrío, ni por qué te quiero tanto aunque duela. Y que el café no me pone nervioso, y que el alcohol me pone triste, y que me gusta mirar a los desconocidos como si los conociera. Nunca sabrás nada, y todo, de eso. Que Chopin me hace llorar por las noches y soñar tan, tan fuerte, que es demasiado bonito. Nunca nos abrazaremos hasta asfixiarnos los cuerpos. Nunca nos besaremos hasta quemarnos las bocas. Y, no, nunca nos miraremos hasta dormirnos los ojos. Ni nos bostezaremos las legañas, ni cantaremos ninguna tonta canción en la ducha, ni tú serás de mí, nada que no pueda ser cualquier otro; ni yo seré de ti, nada que no pueda ser cualquier hijo de puta. Pasará el tiempo, tan rápido, tan lento, tan nosotros siempre llegando tarde a todos los sitios. Pasarán las horas, los días, las estrellas fugaces a las que nadie les pidió un deseo. Y tristes o contentos, qué más da, aprenderemos a restarle importancia a la distancia, al silencio, a ese constante echarnos de menos. Aprenderemos a sobrevivir con un cubata en la mano. Aprenderemos que los errores que cometimos fueron, a veces, un poquito aciertos. Y déjame en paz, déjame. Vete antes de que me vuelva loco por desatar mi pasión con tus pestañas; antes de que me muera por besarte los párpados; antes de que... antes de que mire hacia atrás y te vea, y me vuela a enamorar de tu forma de hacerme daño. De tu sonrisa. 

martes, 14 de mayo de 2013

Cicatrices mal cosidas


Se marchó una noche, y el portazo que dio fue tan fuerte que me desmontó por completo, y desde entonces tengo insomnio. No sabría deciros cómo se superan esas resacas que sufres el día después de emborracharte con falsas esperanzas, sólo sabría deciros que pueden durar mucho, lo suficiente como para hacerte perder la noción del tiempo. Un día, de madrugada, miras la vida pasar, y las manecillas del reloj matarte. Y ni siquiera puedes sonreír. No, no puedes, sólo puedes cerrar los ojos e intentar no dejar de respirar demasiado. 

Supongo, ojalá, que algún día nos enamoraremos de alguien que no quiera irse nunca. Supongo que algún día empezaremos a ser felices para siempre. Yo qué sé. Sólo os digo lo que sería bonito que sucediese, pero yo de cosas bonitas sólo sé la forma que tenía de hacerme sonreír como un tonto. La forma con la que aprendió a romperme con estilo. Yo ni me daba cuenta, y casi que ni me hubiese importado. El amor, qué queréis que os diga, siempre me ha convertido en masoquista. 

Recuerdo los últimos minutos que pasamos juntos. Fueron graciosos. Y mientras ella me cantaba "Knockin' On Heaven's Door" al oído, yo simplemente me rompía como sólo las personas que están enamoradas saben hacerlo. Me rompía sonriendo. Me rompía cuando le dije "Cariño, sólo tú sabes hacerme el amor haciéndome daño". Y luego se marchó. Y, de repente, era demasiado tarde. Como siempre.  




lunes, 13 de mayo de 2013

Musa


Se busca musa para inspirar y escribir; para compartir y encontrar. Se busca musa para ver atardeceres en directo, y para soñar despierto. Se busca musa para explicar inexplicables; para sentir rompecabezas; para parar el tiempo. Se busca musa para dedicar canciones bonitas, insomnios, y pensamientos en estado de embriaguez. Se busca musa para sufrir por ella, para callar diciéndolo todo. Se busca musa para que la distancia duela; para que el contacto queme. Se busca musa para que el sentido de la vida tenga una sonrisa y unos ojos bonitos. Se busca musa para que enseñe a olvidar, y a volar sin despegar del suelo. Se busca musa para follar, y para hacer el amor. Se busca musa para que, cuando falte, el tiempo mate. Se busca musa para tararear besos, para arañar noches, para morder labios. Se busca musa para encontrarlo todo; para que nada falte. Se busca musa para llenar media cama vacía, para calentar las sábanas frías, para decirle a la soledad que se tome unas vacaciones, que ya no merece la pena. 

Interesadas, contacten conmigo. 


domingo, 12 de mayo de 2013

Epílogo


No, ni yo sabía querer sin que doliese, ni tú sabías sonreírme. Un día, un domingo como el de hoy, recuerdo que me cansé de esperar. "Me gustas", te dije, aprovechando que ya no me importaba romperme un poquito más. Y luego me fui. Toda mi vida he tenido miedo al rechazo, qué quieres que te diga. No miré atrás. Corrí calle abajo, y sólo quería perderme. Sólo eso. Recuerdo que no volví a casa hasta ya muy entrada la noche, y a oscuras me tumbé en la cama y me puse a escuchar a Roy Orbison. Lo único que sé del amor, cariño, es que hacen películas muy bonitas sobre él; y ya está. Nunca he sabido conjugar el futuro perfecto de "Querer". Y siempre se me ha dado mejor olvidarme de mí, que pasar página. Soy demasiados errores acumulados; demasiadas carencias sentimentales amontonadas en un rincón. Si algún día te digo que tengo insomnio, que sepas que lo que me quita el sueño es no saber muy bien cómo cambiar mi vida. Cómo hacer las cosas bien, y cuando digo "cosas", que sepas que lo que quiero decir es querer a alguien. Es mi asignatura pendiente, la arrastro desde que me rompieron por primera vez, aunque ya no me acuerdo de cuándo fue; ha llovido (y he llorado) mucho desde entonces. Sólo recuerdo que sonó como cristales rotos y ya nada volvió a ser igual en mí. Empecé a escribir cosas tristes, y a odiar los días nublados porque me reconocía en ellos. Empecé a andar de puntillas cuando sentía algo bonito por alguien. Y también empecé a disfrazar un poquito los "Te quiero" de "Ya te llamaré". Me volví frío y le dibujé algo de distancia a mi mirada. Y, bueno, no hay mucho más. No creo que sea una persona indicada para querer, o para ser querida. Antes, y este es un punto importante, creo que necesito arreglarme algunas cosas. Aprender a sonreírle a las despedidas y a entender que la soledad, a lo mejor, sólo necesita un abrazo. Un buen abrazo, de esos que ya sólo le damos a las cubatas. 


viernes, 10 de mayo de 2013

Yo, ruinas



Aquel día lo rompieron todo; rompieron vasos, rompieron gritos y se rompieron ellos. Lloraron, tan fuerte y tan lejos, que luego siguió un silencio que les desmontó por completo. Un silencio de mirar hacia ningún sitio, al vacío, dentro de uno mismo. Qué vais a saber vosotros, nada. Y aprendí una de esas lecciones sobre la vida que sólo se aprende cuando vas lo suficientemente borracho, y lo suficientemente sobrio. Aprendí que sólo somos proyectos de futuro. SUEÑOS. Así, es mayúsculas, porque es a todo lo que nos reducimos cuando estamos solos, cuando nadie mira. Sueños. Sólo somos esperas; trenes; andenes algo vacíos, deseando que alguien venga y nos pise un poco esta necesidad de ALGO. Así, en mayúsculas, porque es todo lo que tenemos. Algo.

Y, ojalá, OJALÁ, pronto, alguien nos desmonte lo suficiente para arreglarnos por dentro; para compensarnos toda esa soledad que venimos arrastrando desde hace tanto. Ojalá. Cierro los ojos, inspiro, a veces, y sólo a veces, y no obstante casi siempre, me siento como un montón de ruinas...


domingo, 5 de mayo de 2013

Feliz día, supongo


Se puso a llorar. "¿No te ha gustado la colonia?", le preguntaron, y no respondía. Pero yo sabía que no era la colonia, no, qué va, era el tiempo que llevaba sin ver a su hijo. El tiempo y la distancia se han dedicado a joder muchas cosas bonitas. Así, de repente, un 5 de mayo, un Día de la Madre, te das cuenta de cuánto ha llovido, y de cuántas cosas ha arrastrado la lluvia. Te das cuenta de lo cambiados que estamos; de lo corroídos y distorsionados que hemos quedado. Ya no sonreímos igual, ni siquiera lloramos como antes. No, ya nada importa tanto, y sólo cerramos los ojos con la esperanza de volver, aunque sea unos segundos, a aquellos días en los que lo hacíamos todo juntos: excursiones al pueblo, comidas los domingos, la cena de Nochevieja, las paellas en verano... Siempre digo que sería bonito olvidar pero, hay cosas, recuerdos, que siguen manteniéndonos vivos. Y gracias.


jueves, 2 de mayo de 2013

Auxilio


Seguiamos encasillados en ese no saber muy bien cómo lanzarnos; en ese "Joder, cómo le digo lo que siento, sin que quiera jugar conmigo". Así, como siempre nos había pasado. Mezclando noches, tabaco, insomnio y preguntas existenciales. Convirtiendo todos los besos que nunca nos dimos en bonitos poemas que terminé perdiendo por ahí, no sé, hace tiempo que no ordeno ni mi vida ni mi habitación. Y no les creas si te dicen que te olvidé, no les creas; ojalá, pero no soy tan fuerte, ni tan listo. Sigo siendo esta bonita y frágil necesidad de que me abraces. O de que me abrace alguien. O de que nos muramos todos. 

Recuerdo aquella vez que nos cruzamos en una discoteca, te miré tan fuerte que casi te caíste y fuimos andando en círculos, como atraídos por esa inexplicable gravedad de querer besarnos los cuerpos. Y a centímetros de ti todo empezó a tener mucho más sentido, qué quieres que te diga. "¿Quieres tomarte algo", te invito", y por un momento esperé que dijeses "Invítame a un futuro juntos, cariño", pero no querías nada. A lo mejor sólo me querías a mí. No preguntes. Y luego nos fuimos, dos besos, dos "Cuídate, ya nos veremos", y volvimos la espalda, ya lejos, y tu mirada decía algo así como "Auxilio", pero me temblaban las piernas y era demasiado tarde para que las cosas saliesen bien. Cerré los ojos y me morí un poquito entre las luces de neón, pero no se lo cuentes a nadie, es un secreto.

Y, no hay mucho más, de nosotros, que todo esa nada. No hay mucho más que todo este esperar que no seamos demasiado tarde pero, tengo la sensación, de que la alarma no nos despertó a tiempo; de que nos quisimos ya siendo cenizas, consumidos, medio derrumbados, medio nuestros corazones partidos demasiadas veces. Acuérdate de mí cuando cierres los ojos, sólo te pido eso. Bueno, eso y que no beses demasiado fuerte los labios del hijo de puta que terminará robándonos nada todo esto.  


martes, 30 de abril de 2013

Atenta


Que ha pasado un tiempo desde que empecé a decir que ya te había olvidado; un tiempo desde que aprendí a mentirle al mundo, a mentirme un poco a mí. A sonreír, de una forma creíble. Pero, oye, no puedo correr más rápido que todo lo que te quise y, en cuando me detengo a coger aire, me alcanzan las ganas de rescatarte de ese, poco profundo, lago al que llamamos olvido.

No hay otra realidad que esa en la que, al final, sigo alimentándome de ojalás. Que sigo sobreviviendo a base de cerrar los ojos y pensar "Quiéreme, joder". Y, ya, ya sé que este camino no lleva a ningún sitio, ya sé que no hay salida, lo sé, lo supe nada más entrar, pero, cómo te explico, que las vistas son demasiado bonitas.

Es difícil, eso de hacer lo correcto, cuando la belleza de tu sonrisa sigue eclipsando cualquier atisbo de rebelión. Cuando cualquier segundo que paso a tu lado termina convirtiéndose en el mejor momento de mi vida. No es sano, no. Pero y qué, si esta necesidad de ti es lo único que me queda en un mundo cada vez más vacío de cosas que me importen.

Al final me iré, te irás, nos iremos todos. Al final no quedará ni final, ni recuerdos del principio, ni del prólogo, ni del autor. No sé si me entiendes. Esta noche te besaré la distancia cuando nadie mire. Atenta.

domingo, 28 de abril de 2013

Somos un domingo cualquiera


Miradas llenas de nada, sentimientos vacíos, fines de semana agarrados a botellas, y luego, cuando todo pasa, sólo queda un domingo de resaca existencial. De preguntarme qué es la vida, y qué es eso del amor, pero qué voy a saber, si siempre me ha tocado echar de menos; si siempre me ha tocado escribir cosas tristes sobre personas que nunca me quisieron. Qué voy a saber. Y, nada, la vida sigue, para bien o para mal, no importa mucho. El mundo gira como siempre. El tiempo pasa como de costumbre. Y tampoco importa mucho. En mi soledad; en mi cuarto, ese campo de batalla donde han muerto demasiadas horas, quiero escapar. Irme lejos, todo lo lejos posible, pero tengo esa sensación de que lo más lejos posible no será lo suficientemente lejos. Y quiero gritar, y lo hago, pero en silencio, no quiero despertar a nadie. Miro el techo, la luz está apagada, y no, no voy a sonreír. La cama, medio enfriada y tan vacía, por culpa de esa soledad tan mal acostumbrada a no faltar nunca. No hay mucho más. Observo de reojo el reloj: las doce de la noche, la una, las dos, las dos y media, las dos y treinta y poco. ¿Es esto vivir?, pues yo, así, no quiero. Pero al día siguiente llueve, y no me quedan muchas ganas de correr; sólo tengo ganas de que la rutina no haga demasiado daño. Y qué voy a saber yo de sobrevivir. Nada. Hubo una vez, ya apenas lo recuerdo, una noche me cogiste de la mano y me dijiste "Sergio, desde hoy, siempre que quieres escapar, puedes cerrar los ojos con fuerza". Y lo hago, siempre que puedo. Cierro los ojos con fuerza y me voy, y ojalá no volviese nunca, pero, qué quieres que te diga, siempre termina llamando alguien a la puerta diciendo que la cena ya está preparada.


Somos un domingo cualquiera...

viernes, 26 de abril de 2013

Sobre la vida


Aprendí a no esperar mucho de la gente; a no esperar mucho de las despedidas. Aprendí a querer con los ojos cerrados; y a no olvidar lo necesario. Aprendí que los amaneceres están sobrevalorados, al igual que los atardeceres, y que tus dedos acariciando mi espalda son como otros dedos cualquiera acariciando mi espalda. Aprendí a emborracharme para recordar más fuerte; y a saltar al vacío de quedarme sin ganas, y vivir en reserva. Aprendí que la esperanza es lo último que se pierde, sí, pero que termina abandonándonos alguna noche, cuando ya se ha cansado de nuestro insomnio; de nuestra tristeza. Y se marcha sin decir adiós, sólo escuchas un portazo, y cierras los ojos, y ni siquiera tienes fuerzas para llorar. Aprendí que todos estamos tan solos como cualquiera, y que hay canciones que nos salvan de muchas resacas. Aprendí que nunca aprendemos a tropezarnos, ni a levantarnos, y que a veces podemos sentir cosas bonitas por aquello que nos hace tropezar. Aprendí que hay abrazos que curan, besos que no dicen nada, y miradas que te hacen viajar. Aprendí que los imposibles sólo existen para las personas que no están lo suficientemente locas. Aprendí a rimar "soledad" con "nicotina". Aprendí a decirte que no te quería, aunque te quisiera. Aprendí a no ser lo suficiente para ti. Aprendí a hacer como que no estaba cuando el amor llamaba a la puerta. Y, cariño, también aprendí a dedicarte cosas que nunca escribí; canciones bonitas que nunca hablaron de ti; a cerrar los ojos con fuerza y desnudarte como nunca, nadie, te desnudó; aprendí a hacerte el amor en la distancia; y a sonreírle a no saber, muy bien, qué era eso que sentías por mí. Pero hay algo que nunca aprendí, y es que "demasiado tarde" no es una bonita hora para darse cuenta de las cosas. No sé, cariño, yo ya estoy cansado de vivir de la forma equivocada. Ven a verme cuando puedas, estoy en la misma indecisión de siempre. 


martes, 23 de abril de 2013

Le he regalado una rosa a la soledad


El mundo gira porque, indeciso, no sabe hacia dónde quiere ir.
Y yo te quiero sin saber muy bien qué es el amor. Un beso, sexo después del desayuno, café cargado, escribirte un poema mientras vemos algún atardecer, cogerte la mano y abrazarte los sueños. Dime, por qué esta necesidad de sonreírle a las noches; de que el insomnio, me pille, contigo en la cama.
"No", cariño, a esa pregunta que me hiciste mientras recorría, gotas de ducha, lloviendo por el cristal de tu espalda. No, no sé quererte menos ni olvidarte más. Y qué.
Mañana, sonará la alarma a una hora que no entiendo, de un reloj que mata, con esa rutina que, acelerándome la respiración, me hace fumar demasiado.
Tengo asma por falta de (tus) besos,
y no llega suficiente oxígeno a este,
oxidado,
algo roto,
pero aún latiente
corazón.

jueves, 18 de abril de 2013

Yo qué sé


Y esto es lo que queda cuando no queda nada: un montón de recuerdos que hacen daño; un montón de carencias sentimentales que no arreglan nada, que causan insomnio, y que te vuelven propenso a llorar cuando nadie mira. Esto, chicos, es lo que queda cuando sientes cosas bonitas por alguien que no siente nada por ti: noches enteras deseando ojalás, fumando y haciendo historias bonitas con el humo, recorriendo unos lunares que no existen, sonrriendole a la vida que nunca tendrás a su lado. ¿Por qué tenemos esa tonta necesidad de necesitar a alguien?, ¿por qué nos da tanto miedo no tener a quien cogerle la mano cuando paseamos por la ciudad? Ojalá nada de eso. Envidio la capacidad emocional de las piedras.

Pero, mira, así es la vida. Quizá deberíamos querernos un poco más a nosotros mismos, yo qué sé. Sube el volumen de la música, anda, esta noche quiero ensordecer todo lo que siento. 


domingo, 14 de abril de 2013

Demasiado tarde


Sólo recuerdo que eran las 8 de la tarde, que llovía y que no lloraba, y que las lágrimas me quemaban en los ojos y que se me hizo un nudo en la garganta tan grande como el mayor de los silencios. Y, bueno, estábamos despidiéndonos, y el ambiente estaba impregnado de la tensión característica de la última vez que ves a alguien, no sé si me explico. Y todo sonaba a mentira, a plástico, a cirugía estética en mis acentos, a quiero decirte las palabras más bonitas del mundo por si ya no vuelves a escuchar mi voz nunca, cariño. Y cuando se dio la vuelta y empecé a sentir que la perdía, qué bonito, y qué tarde, la necesité más que nunca.

—¡Espera, un momento!
—¿Qué pasa?
—Que... joder, no puedes irte. 
—Sergio...
—No, escucha, si nos queremos, ¿por qué no?
—Sergio... yo ya estoy con alguien.
—¿Qué?
—Hace 3 semanas que estoy conociendo a un chico, no es nada serio, pero...
—¿Quién es?
—No le conoces.
—¿Pero qué hay de todo lo que dijiste que sentías por mí?
—Supongo que he aprendido a barrerlo debajo de la alfombra.
—No te pongas metafórica, vamos, no puedes dejar de sentir cosas de un día para otro.
—Ya sé que no, pero lo necesitaba. No sé, llegaste, llegamos, demasiado tarde.
—"Demasiado tarde" siempre ha sido mi hora favorita.
—Y es una pena.
—Entonces...
—¿Entonces?
—Nosotros...
—¿Sí? 
—Nada...
—Eso es, supongo, nosotros: nada.
—Y es una pena.
—Me tengo que ir ya, Sergio, cuídate, ¿vale?
—No lo haré. 

Y, sin decir nada, sonrió, me dio la espalda y se fue. 
   Y desde entonces siempre llueve a las 8 de la tarde, no sé...



jueves, 11 de abril de 2013

Joder


Que no basta con mirarle, que no, que tienes que entrarle dentro, que sonríe, sí, pero sólo por fuera. Desnúdale de esa apariencia, ¿no ves que por dentro se derrumba?, que por dentro gotea, que se oxida, que se pierde. Coño, no, no ves nada de eso, te limitas a sonreír, y es que tú también te has maquillado una bonita felicidad hoy. Casi, casi me creo que no tienes ganas de escapar; hace tanto tiempo que no te desmaquillas, ya casi te has creído tú hasta la mentira, pero no. En el fondo, en lo más hondo, gritas, aunque ya apenas te escuches; sólo lo haces a veces, por la noche, cuando el silencio te visita y conversas sobre cosas que nunca le has contado a nadie. ¿Cómo te sientes realmente?, ¿quién eres cuando nadie mira?, ¿qué sueños tienes cuando no duermes?

Y, dime, cariño, si tú también estás esperando un tren que te lleve lejos, y mientras tanto te muerdes las uñas en algún andén que no existe, mientras las horas pasan, tan vacías, y los días mueren, tan callados. Me gustaría pensar que la vida es algo más que todo este no saber qué hacer mañana, pero no. Sólo nos queda mirarnos y rogar que el silencio diga las palabras que nosotros no nos atrevemos a decir en voz alta, por si quizá nos volvemos más débiles de lo que ya somos; o por si nos volvemos más ruinas, yo qué sé. Lo único que sé es que hace frío, estoy sólo y no me queda mucho tabaco.


lunes, 8 de abril de 2013

Infinito


"Fake Plastic Trees" de Radiohead patrocina esta historia.

Y cómo decirte que ya no sé seguir sonriendo sin que se me note que, en realidad, tengo ganas de llorar. Y cómo decirte que hay mucha gente, sí, pero que si cierro los ojos no hay nadie, y es esa sensación de que la soledad la llevo por dentro y nadie va a querer entrar, no sé si lo entiendes. Y que sigue dándome miedo la oscuridad de los días vacíos, esa profundidad de mirar sin ver el fondo, de sentir cosas que explotan dentro, y sólo yo, y nadie más, puede sentirlas. Se me atragantan las palabras en el pecho, y me queman la garganta. Hace tiempo que no puedo gritar; no puedo; y he de conformarme con cerrar los ojos con fuerza y respirar, hasta que todo pasa. No sé hacia dónde voy, cariño, y tampoco quiero que te pierdas conmigo. No sé si vivo, o sobrevivo. Sólo sé que estoy llenando los días de nada, de una maldita rutina que jode las esperanzas, y que cada noche me entran unas ganas de salir de toda esta mierda increíbles, pero estoy demasiado cansado para soñar. Estoy demasiado cabreado con el mundo para salir de mi habitación. Ojalá, no sé, me dijeses que todo va a salir bien, y que algún día nos tocará ser felices; aunque me mintieses, y qué, si yo lo único que quiero es sonreír sin necesitar motivos. Despertarme, bostezar, y sonreír, sólo eso, no es tan difícil, ¿verdad? 


sábado, 6 de abril de 2013

Vamos a ser felices, invito yo


Cierro la puerta de mi habitación, me tumbo en la cama, me pongo los cascos y escucho Radiohead, enciendo un cigarrillo, miro cómo se filtra la luz por las rendijas de la persiana. Huele a cerrado, ayer salí de fiesta, y empecé a pensar que a lo mejor querer y morir son el mismo verbo y no nos hemos enterado, y que tu ausencia es la razón de que las noches sean precipicios, y de que habiendo tanta gente, faltanto tú, no hay nadie. "¿Qué me has hecho?", me preguntaba, que yo no sé ya distinguir los días en los que tú no estás aquí, o en los que ignoras que existo, y es como sumar ceros, ¿qué me has hecho que sin ti no soy yo y no soy nadie?, algo, sí, pero nada que merezca la pena sonreír. Calada a calada, el reloj me mira de reojo, sabe que quiero escapar pero me lleva ventaja, ya no sé correr por causas perdidas, así que me enciendo otro cigarro, cierro los ojos, no escucho más que la oscuridad que llevo dentro, da miedo, pero ya estoy acostumbrado. Respiro, poco, quiero suicidarme un rato, que esta vida es vida de segunda mano, la vendo, a buen precio, en el mercado de que algún día llegues, llames a la puerta, te abra y me abraces hasta consumirnos; qué bonito, si lo piensas, podemos llegar a ser si lo intentamos, pero quizá idealizo todo lo que no ha pasado, ¿quién sabe?, es posible que sólo podamos ser felices en algún apartado rincón lleno de fantasías, esperanzas y ojos cerrados, donde la realidad no entre y la verdad nos mienta.  


jueves, 4 de abril de 2013

Hola, piedra, ¿tú otra vez?


Y empiezas a pensar las 24 horas del día en él, y empiezas a necesitar hablarle; decirle algo, que sepa que existes. Y empiezas a obsesionarte con la soledad, con los días nublados, con fumar demasiado, con mirar al vacío, con dormir a su lado. Y se te escapa su nombre sin querer, joder, no quieres estar enamorado, ya sabes lo que es estarlo de alguien a quien apenas conoces. ¿Recuerdas?, aquella vez dolió mucho, y no, no quieres volver a tropezar con esa piedra, pero algo dentro de ti no lo tiene superado. Admitámoslo, a una parte (masoquista) de ti le pone cachondo cometer los mismos errores de siempre. Y, bueno, la verdad es que en el fondo estás tan solo que pecar es demasiado fácil, así que te dejas arrastrar por lo que sientes, y  no está nada mal porque lo que sientes es, simplemente, una absurda felicidad que hace que te olvides de toda la mierda. Es pura droga. Pura. Droga. Y corres demasiado rápido, nunca te pones el cinturón de seguridad, sólo quieres experiencias fuertes, que te diga "Te quiero" y te sonroje, que te mire y detenga el tiempo. Y te vas alimentando de esperanzas, de cerrar los ojos y soñar despierto, y te ves con él, siendo felices, y sonríes como un tonto, que es lo que eres: un tonto enamorado. Y, ahora que lo pienso, supongo que dicen que el amor es ciego porque es así como debemos enamorarnos, sin abrir los ojos, porque de hacerlo, posiblemente, veríamos la gilipollez que estamos cometiendo y no lo haríamos. Enamorarse es como saltar al vacío. Enamorarse es como matarse con estilo. Pero, qué queréis que os diga, es bonito. 


martes, 2 de abril de 2013

Insomnio


Hace frío, y no es una cama, es soledad amontonada, ganas y horas mirando por la ventana. Estrellas, brillan lejanas, como mis ganas de escapar de esto, pero se me han dormido las piernas. Y ya no me reconozco en los espejos, mirada ausente, me desnudo por dentro, a veces lloro, no pasa nada, he cerrado la puerta con pestillo. Radiohead en mis oídos, vuelo, ¿y mi cuerpo?, no tengo cuerpo, soy sólo el viento de todas las palabras que nunca digo. Y apareces entre las sombras de alguna fantasía, sonrío, no quiero tocarte, quiero quedarme así, ahí, contigo, sin ti, te llevo dentro, en todo lo que te dedico. Llaman a la puerta, es la soledad, pero hago como que no estoy, esta noche sólo quiero estar conmigo. Solo. Enciendo un cigarrillo, lo cojo entre mis dedos y empiezo a hacer corazones deformes con el humo. En la ventana siguen las marcas de nuestros nombres, escritos en el vaho de algún suspiro, no lo recuerdo, los repaso, que no se borren nunca, y que lo hagan pronto, esos nombres marcados es todo lo que queda de lo que nunca tuvimos. Y hay sentimientos a los que no les da la puta gana explicarse, y me quedo tiritando por falta de abrazos; me entra el miedo de que me superes, otra vez, y de que me hunda en esta mierda de esperarte. Siempre llegas cuando ya es demasiado tarde, cariño, es decir, nunca. ¿En qué estarás pensando?, ¿a quién estarás amando?, ¿qué hijo de puta te estará robando el corazón en este momento? Y no puedo hacer otra cosa que coserme las heridas, no hay anestesia, va a doler mucho. Ahora viene Lana Del Rey, me habla de ese verano en el que fuimos, le digo que se vaya, y me dice que es sólo una canción en el reproductor de audio. Me relajo, respiro hondo, todo lo hondo que puedo, hasta que toco fondo, muy al fondo, pero se me da falta bucear en mí mismo. Es hora de irse a dormir, los recuerdos se levantan tarde.  

lunes, 1 de abril de 2013

Sexo, amor y otras drogas


Y allí estábamos tú y yo, nosotros, en  la fiesta de un amigo que teníamos en común, a 22 de marzo de 2013. Recuerdo que nos sonreíamos en la distancia, y era bonito porque todo era mágico, y empezábamos a estar borrachos y el orgullo no estaba invitado a la fiesta. Y luego nos acercamos, como si no fuese nuestra intención hacerlo, aunque en realidad nos moríamos por estar el uno al lado del otro.

—Tienes la sonrisa más bonita del mundo.
—¿Ya vas borracho?
—Yo siempre voy borracho. 
—¿Y qué me cuentas? 
—Que no sé qué hacemos hablando, cuando deberíamos estar follando.
—¿No vas muy rápido?
—Ya sabes que nunca me han gustado los semáforos en rojo, cariño.
—Pero tú no follas, a tus seguidores de Twitter no les gustaría, jajajajaja.
—No seas mala, no se enterarán.
—No, no, soy una chica decente...
Con unos labios indecentes.
—Los he heredado de mi madre. 
—¿Y qué más has heredado de tu madre?
—Tendrías que quitarme el vestido para averiguarlo. 
—¿No vas muy rápido? 
—Nunca he sabido ir más lenta, ¿pido disculpas?
—Para nada, sabes que me encanta este juego.
—¿Qué juego? 
—...
—¿Y bien?
—El juego de reducir el amor a una necesidad sexual. El juego de fingir que no pienso en ti siempre que puedo, y que puedo siempre, y que no me paso las noches haciéndote el amor en sueños.
—Estás rompiendo la magia.
—¿Has traído preservativos?
—Yo no uso de eso.
—Yo tampoco, vamos al baño.
—Llévame tú, y no corras, que llevo tacones...




domingo, 31 de marzo de 2013

Recapitulemos


Y, dime, ¿a dónde va todo ese amor que desperdiciamos amando a personas que no nos aman? A dónde todas las esperanzas que no sirven de nada, y a dónde todos esos sueños que no se cumplen. Dime a dónde va todo lo que nunca haremos, y todas las noches que no follaremos, y esas estrellas que, jamás, jugaremos a contar cogidos de la mano, mientras perdemos el tiempo en no prestarle atención a nada excepto a los besos que nos demos, tan callados, y que supongo que tampoco nos daremos.

Y, dime, si me quieres, o si he vuelto a llegar tarde, y que el tren ya ha pasado y que estas vías ya no llevan a ninguna parte. Venga, dime si has puesto la alarma demasiado pronto y tengo que madrugar de toda la vida que nunca viviremos, de todas las miradas cómplices de entendernos; que todo eso se perderá, aunque nunca lo hayamos encontrado. Dime todo eso, aunque me haga daño, y es que supongo que el dolor es la única forma de romper las ganas, y no reciclarlas luego. No, no más ganas, ya no hacen otra cosa que rascar la herida... 

viernes, 29 de marzo de 2013

Tristeza de verano


"Summertime Sadness" de Lana Del Rey patrocina esta historia. 

Aquella noche bailamos hasta perder la poca humanidad que nos quedaba, y terminamos empotrándonos contra una máquina de tabaco. Me aprendí de memoria tu boca, de tanto explorarla con mi lengua. Y sonreías de vez en cuando, qué placer. Y luego me dijiste "Vamos al baño de las chicas", y yo te dije que no, que era imposible, que estaba la chica de la limpieza y nos echarían, aunque supongo que por ti no me hubiese ni importado que me echasen de mi vida. Y reíamos, entre beso y beso. Así empezó todo, una noche de verano, en La3, Valencia, y mentiría si dijese que no me acuerdo de ti siempre que vuelvo. Y que siempre quiero volver...

Y luego subimos un escalón de esa escalera que no sabía muy bien a dónde nos iba a llevar, y empezamos a vernos casi a diario, y era bonito, porque siempre era distinto, único, teníamos de nuestro lado la pasión de aquellos que sólo buscan disfrutar cada momento. Decíamos ser hedonistas, qué ingenuos. Y nos besábamos por las calles de Valencia, en aquellos perdidos y solitarios, tan calurosos, callejones del Carmen, a donde no pienso volver a no ser que tú vengas conmigo. 

Y no sé cuánto estuve yendo y viniendo por tus caderas, ni cuántos accidentes tuve en la curva de tu sonrisa, sólo sé que cuando estás enamorado el tiempo pasa, pero apenas hace ruido, y pasó tan callado que cuando quisimos darnos cuenta era septiembre, y empezaba a hacer ese frío que no se lleva muy bien con mis sentimientos. 

¿Y qué pasó luego? No sabría decirlo muy bien, la verdad, sólo sé que un día empezaron a pasarnos menos cosas, y que todo resultaba algo monótono. Recuerdo que nos esforzábamos como tontos en intentar salvar las cosas, lo que fuese, e intentar rescatar el pasado a base de mirar hacia atrás, pero empezamos a tropezarnos constantemente con el presente, y tuvimos que desistir, y volver a mirar hacia delante. ¿Y qué quedaba? Un día ya no quedaba mucho, no sé exactamente cómo se marchitan las relaciones pero, si el tiempo puede pasar sin hacer ruido, el amor ni siquiera pasa, salta por la ventana, y a veces se mata. El nuestro, supongo, fue uno de los que se matan.

Y, bueno, nos dijimos adiós entre comillas, con puntos suspensivos, como un quiero, pero ojalá no; como un "por qué" que no necesitaba respuesta. Y, el último día, la última hora que pasamos juntos, nos dimos cuenta, cruelmente, de que ya no podíamos más con nosotros, de que nos habíamos muerto por dentro de tanto ilusionarnos en tan poco tiempo, y es que nosotros no sabíamos que las ilusiones tenían fecha de caducidad. 

"Estas cosas pasan", dije, y medio sonreí esperando que no dijeses nada, porque ya no tenía fuerzas para seguir existiendo ahí, en ese umbral de esa puerta, de tu puerta, en medio de ese adiós tan incómodo. "Supongo", respondiste. Suficiente. Y entonces nos dimos el último abrazo, sin beso, que ya no es abrazo, sino distancia, una mera formalidad estúpida, pero es que tú y yo, a fin de cuentas, no nos odiábamos, simplemente, no nos queríamos. Y cerraste la puerta, y yo no te he vuelto a llamar. 

Fue bonito mientras fue mentira...





martes, 26 de marzo de 2013

Actores principales


Y siempre me decías que era demasiada mujer para mí, que la olvidase, y ojalá el amor supiese algo de tamaños, o cantidades, ojalá nos enamorásemos de alcanzables, y no de imposibles, que es lo que era ella, la operación bikini de un año que nunca ha existido. Pero, la única verdad es que desde que la vi vive en mi cabeza sin pagar el alquiler, y no me importa, porque las vistas son geniales desde que está ella. 

Sí, supongo que esto va a ser como esa película en la que el protagonista se enamora de la chica, que ignora completamente la existencia de éste. Supongo que voy a terminar desnudándola en la distancia, escribiendo nuestros nombres en los cristales llenos de vaho y dibujando corazones en el cielo, con el dedo índice, cuando pensar en ella me provoque insomnio.

Sí, supongo que enamorarme no va a servir para nada, como siempre, únicamente para crear falsas esperanzas sobre la base inestable de mis párpados, cerrados fuertemente, y es que en esa oscuridad la veo, bailando, al ritmo de todos aquellos latidos que se pierden, insatisfechos, como marchas mal metidas en la caja de cambios de la vida. 





lunes, 25 de marzo de 2013

Hablemos de cosas que pueden pasarnos


Y que cada vez que suena el teléfono una parte de mí espera que seas tú, y que cuando llaman a la puerta, sólo espero que estés al otro lado, y que quieras entrar a mi vida, y quedarte, y ser felices juntos. Soy un romántico, vale, es una putada, pero no puedo hacer nada, se me va de las manos intentar controlar lo que siento, y yo no tengo ganas de luchar contra lo que soy. 

Pero, bueno, la verdad es que ni siquiera compartimos llamadas perdidas, y ni siquiera sabes donde vivo, así que todo se reduce a un montón de esperanzas que miro de reojo, sin saber muy bien dónde meterlas; sin saber muy bien si terminarán jodiéndome la vida. Estoy en una fase de transición, de indecisión, de no saber si romper el hielo y decirte "Oye, qué es de tu vida, de la mía, sin ti, no demasiado". No, no, no creo que rompa el hielo, soy de esos que esperan a que el hielo les rompa a ellos, por dentro, que es la forma más horrible de romperse. 

Voy a resignarme a andar de puntillas, para no hacer ruido, y a espiarte desde esta puta distancia que no cree en el amor. Y, cada mañana, despertaré con legañas en los ojos y quizás en la mirada, siempre puede ser o no ser el día de cruzarnos, ojalá el destino tenga un poco de empatía, el muy hijo de puta últimamente no piensa en mí. Y, nada más, necesito fumar, es el único vicio que puedo satisfacer por el momento, si quieres, te invito a que seas el próximo.

Ah, por cierto, tu sonrisa, ¿de qué sueño la has sacado?  

jueves, 21 de marzo de 2013

Impotencia


Impotencia, sí, esa es la palabra que me viene a la cabeza si pienso en mi vida. Impotencia de que las cosas salgan tan mal, sin que yo pueda hacer nada para evitarlo. Impotencia de sentirme como un espectador de mi historia, y no como el protagonista. Impotencia de que el tiempo pase y no pase nada; y las cosas no cambien, excepto yo, por dentro, que me hundo cada vez más hacia el fondo. Impotencia de no saber muy bien lo que busco, mientras mi necesidad de encontrar algo aumenta, a veces tanto, que me entra ese horrible miedo de quedarme solo. Impotencia en las noches de insomnio, cuando no dormir no sirve para mucho, sólo para conjugar preguntas existenciales que van rompiendo a su paso. Impotencia de cansarme, pero nunca lo suficiente como para tirar la toalla y resignarme a perder la partida. Impotencia de que la esperanza no se vaya, de que siga aquí, riéndose con mis tragedias. Impotencia de que con el tiempo vayan quedando menos personas que me entiendan; y de que a veces ni siquiera lo haga yo. Impotencia de enamorarme siempre de la persona equivocada. Impotencia de que mi lugar sea el lugar que alguien eligió para mí. Impotencia de querer escapar, pero no tener fuerzas para ello. Impotencia de que mañana seré las mismas coordenadas de un mapa en el que no sé encontrarme. Impotencia, sí, esa es la palabra.